“Alimaña”: Entrevista con Diego Avallone

Diego Marcelino Avallone Montaña es quien manejó el arte lumínico de la coronada y controversial “Alimaña”. Lo definen y se define a sí mismo como Realizador, ya que su creatividad no tiene ningún tipo de límite y nos cuenta el valor importante que tiene esa cualidad en la obra que representará a la provincia en Mendoza. 


Diego en su juventud realizaba trabajos casuales, hacía artesanías y vendía en fiestas de Buenos Aires, conoció a Laura Ponce, una gran realizadora escenográfica, que le pidió un trabajo de muestra y ese fue el puntapié que lo llevó a aprender grandes cosas y a integrarse en el mundo de la escenografía teatral. Los primeros laburos tenían que ver con marionetas o mecanismos de trabajo para Televisa México, luego le siguieron oportunidades de trabajo en el Teatro Colón, para Espeña y Finlandia. Su contacto con la parte teatral siempre fue desde la técnica, porque de ese modo lo fue adquiriendo y dónde se siente más cómodo, hasta el día de hoy no se ve actuando sobre el escenario. Las personas lo fueron definiendo como alguien que puede hacer todo tipo de tareas a partir de formulas y construir con las manos, por eso se llama a sí mismo un Realizador. Siente que el teatro es una nutrición continua y es lo que rescata: el aprender a compartir, supone que de los verdaderos trabajos en equipo salen trabajos increíbles.

ENTREVISTA

¿Actualmente cuál es tu lugar en el teatro riojano?

“Acá, me defino más bien con ese título de Realizador porque hago muchas cosas: ahora estoy trabajando en la construcción, todo lo que tiene que ver con las manos, hago desde albañilería, pintura, carpintería, hasta muñecos de tela, y, a la vez, no tengo siempre algo como fuente de ingreso. Son distintos momentos de mi vida, que me van dando el ingreso monetario del día a día. Creo que todavía no puedo encasillarme en alguna tarea específica que me de plata, que me de ingresos y que me de satisfacción, porque me gusta hacer todo.”

¿Cómo fue tu llegada para crear “Alimaña”?

“Me resultó muy interesante y agradezco un montón la convocatoria que Nachi me hizo el año pasado, a través de un audio dónde me explicaba qué estaba en proceso y si me animaba a incorporarme a la propuesta. En ese momento tenía un disparador que lo definíamos, o a mí me quedó muy pegado en la carne, el tema de las partidas, el tema de las perdidas, a dónde disparaban esas palabras. A partir de esa premisa es que se empieza a hacer un trabajo muy interesante, un trabajo muy intenso de creación colectiva. El resultado que se ve ahí en Alimaña tiene que ver con un proceso de aceptación: cuando entramos en el duelo personal de desprender algo que no nos pertenece, de nuestra carne, de nuestra ideología, de nuestra forma de sentir y, creo, que lo primero que queda expuesto es nuestra parte oscura, que también nos compone, nuestra parte negada que a veces lleva a un resentimiento social, porque se trata de la parte que nos esforzamos en esconder, que nos esforzamos en negarla porque vivimos del Qué Dirán de la gente y eso va creando una alimaña. A veces es muy difícil convivir con uno mismo y a veces es nuestra mejor herramienta para construir cuando llegamos a fusionar esa parte interna.”

¿Cómo fue trabajar con la propuesta de dirección horizontal, por parte de Nachi?

“Fue muy interesante. Fue muy relajada desde este punto de compartir y ver qué sale. Al principio, no entendía para dónde iba, yo sabía que cada semana que nos juntábamos disparaba distintas cosas, pero a mi parecer no entendía a dónde iba todo esto. Todavía no estaba entendiendo lo que Ella estaba procesando dentro de la obra, hasta que después empezaron a despejarse un par de cosas y adaptarse dentro del trabajo de improvisación de movimientos. Era integrarnos con el cuerpo a partir del contacto con uno mismo, del contacto con el suelo, del contacto con el aire, de las miradas, de sentir la música o directamente de expresar situaciones, cosas que van pasando, de ahí Ella empezó a tomar distintas premisas y empezó a armar como un circuito de objetos, de puntas, con las que empezábamos a trabajar. Me pareció un proceso muy genuino, me pareció algo muy interesante ese punto de trabajo porque dentro de toda mi experiencia en el teatro, no había participado de esto y me pareció muy noble que se presente de esa manera. Empezó a tener forma esa Alimaña, empezó a tener forma esa construcción, también cuando se fue sumando la música de Agustín Justo, cuando se empezaron a sumar los objetos, cuando empezamos a hablar de palabras que teníamos que escribir como juego literario de construcción artística, ahí, yo relajé porque realmente se veía de que sabía lo que estaba haciendo sabía para dónde nos estaba llevando. También, era momento de confiar, de dejar, de ubicarnos cada uno dentro del rol que tenía y de compartir esa experiencia. Entonces, dentro de la cabeza de la directora ya había una idea armada y nosotros lo único que teníamos que hacer era seguir ese lineamiento que era una apertura, también, a la creación hasta que llegó a la forma que pudimos ver y nos dejó bastante contentos y convencidos de lo que estábamos contando.”

¿Cómo llegaste a crear ese trabajo de iluminación?

“La verdad, fue la primera vez que yo incursioné en todo eso y vuelvo a la primer pregunta: creo que todas esas cosas te las brinda la confianza que te puede dar la otra persona de donde vos estás aprendiendo, creo que es lo fundamental cuando uno tiene ganas de enseñarle a alguien, transmitirlo con confianza, con la idea de que se puede romper todos los lineamientos porque está todo permitido, más en el teatro. Y los elementos son dignos de una linda carcajada de todo lo que pasó con la iluminación, pero creo que también se remite a eso, a jugar, a no tomarnos las cosas tan en serio, sino, a empezar a disfrutar de lo que hacemos que tiene que ver, también, en un punto, a volver a ser niños para ser más creativo, no estar tan condicionados con una cabeza estructurada de adulto de que necesitamos sí o sí complacer ciertas partes de la sociedad porque ya somos adultos. Creo que todos llegamos a ese punto de niños, de poder ver un producto tan inocente. Creo que cada uno dio lo que más pudo dar, sabiendo que era nuevo lo que se estaba compartiendo.”

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