I ♥ Tonya

Este año que pasamos el cine hollywoodense ha dado un vuelco y un viraje rápido para lavar su historia —y su presente— lleno de abusos y violencias contra las mujeres. Ha surgido, entonces, una especie de tópico a tratar en todas sus producciones sobre la violencia de género, el sistema de dominación machista y, sobre todo, la vida de mujeres luchadoras. La consigna quedó a medio camino con miles de películas acumulándose por entrar en boga y mediatización, se olvidan en casa virtudes cinematográficas sólo por contar un argumento. Xorge Leiva, realizador audiovisual riojano, reflexiona sobre la reciente “I, Tonya” de Craig Gillespie, una pieza contundente que muestra una realidad entre patriarcado, violencia y estereotipos; sin olvidar que el mensaje se construye desde la herramienta audiovisual.

UN POCO DE AMOR PARA TONYA

Por Xorge Leiva para Cooperativa Voces

El triple axel es un salto con un vertiginoso loop triple en el aire en sentido contrario a las agujas del reloj. Su velocidad se asemeja al aleteo de una mariposa; y no es sólo girar tres veces y medio, tan rápido que ni la obturación de cámaras con tecnología slow motion logran capturar en todo su detalle, sino aterrizar y continuar de pie con impulso hacia delante con la menor pérdida de velocidad posible. Es definitivamente el truco más difícil del patinaje artístico y sólo seis mujeres en la más alta competencia hasta la fecha lo han logrado. Pero la primera siempre será única: Tonya Harding, una chica estadounidense de clase baja, en 1991, a sus 20 años. Tonya ejecutó el triple axel en el campeonato estadounidense y cambió la historia del patinaje artístico para siempre. Cuando asentó sus cuchillas en el hielo y siguió deslizándose sonrió sabiendo que también acababa de quebrar su propio paradigma. El triple axel fue su apuesta a cambiar una suerte oscura que no hacía otra cosa que ensañarse con ella una y otra vez desde pequeña.

Tonya Harding – 1991 U.S. Figure Skating Championships, Ladies’ Free Skate

Tonya Finishes first after being the first America Women to complete and Attempt a triple Axel. In my opinion this is top 3 greatest long programs of all time. It is still difficult to Today’s standards.

Tonya fue la primera gran figura del patinaje artístico a nivel mundial, su triple axel cambió la consideración mediática internacional sobre una disciplina, hasta entonces, sólo de elite. La hizo popular. Su apogeo en las pistas le devolvió un poco el cariño del que careció desde su precaria y maltratada niñez, en una humilde casa rodante de padres separados en Portland, Oregon, con una madre influyente que forjó su agresiva competitividad a los golpes, físicos y verbales. Un derrotero que tuvo continuidad inmediata cuando se casó con Jeff Gillooly, con quien construyó un nido de amor disfuncional salpicado de sangre brotada de su nariz, vidrios rotos y amenazas a punta de pistola. Increíble y martirizante épica la de Tonya, que con un demandante, mediocre y abusador marido a cuestas (además su manager) –y decenas, cientos, de órdenes de restricción vulneradas sin que ninguna autoridad se ocupara tampoco en hacer cumplir–, lograba mantener la extrema concentración necesitada en la competencia de torneos internacionales y juegos olímpicos, donde era requerida como una verdadera estrella. Un apogeo breve, que duró hasta 1994, cuando por toda la televisión norteamericana, de costa a costa, se difunden las imágenes de una desconsolada Nancy Kerrigan, la principal rival de Tonya en las pistas, con sus piernas lastimadas, minutos después de ser atacada con una barra de hierro por un desconocido al finalizar uno de sus entrenamientos. El FBI mete sus narices en el asunto y consigue probar que el ataque fue obra de un torpe y descastado hampón y perpetrado por el guardaespaldas de Harding en connivencia con el propio Gillooly, por entonces ex marido pero aún su manager. La desgraciada Tonya por su parte no tiene manera de probar que ella no tuvo nada que ver con el ataque y entonces su paso de la fama a la infamia fue casi tan rápido como un triple axel. Tonya, después de competir, lejos de cualquier pedacito de gloria, en los Winter Games de Lillehammer, Noruega, es sentenciada a tres años de libertad vigilada, cientos de horas de trabajo comunitario y suspendida de por vida de las competencias. Podría escribirse un tratado sobre cuerpos femeninos vinculado al desprecio que la prensa descargó en ella, especialmente después del ataque, cuando la llamaron “basura blanca” y “mujer vieja con muslos gordos y celulitis”. Ella tenía solo 23 años.

“Basada en entrevistas libres de ironía, salvajemente contradictorias y totalmente verdaderas con Tonya Harding y Jeff Gillooly” reza la introducción de “I, Tonya”. El farsesco film de Craig Gillespie que reconstruye toda esta historia con mordacidad y envenenado sentido del humor. La australiana Margot Robbie, productora asociada en el proyecto, transforma su cuerpo de muñeca a la rusticidad musculada de Tonya, y consigue una superlativa performance que la llevó a estar nominada al Oscar que finalmente se llevó Frances McDormand. Alison Janney, que sí consigue llevarse el Oscar a Mejor Actriz de Reparto por su interpretación hecha de grotesco siniestro puro, compone el rol de La Vona, la manipuladora madre de Tonya. Gillespie y su montajista, Tatiana Riegel (que completa el notable tridente femenino de nominaciones con el que la película se metió en la competencia por los premios de la academia, y que merece ser nombrada ante la injusta costumbre de los medios en mencionar el crédito de montaje siempre de modo genérico) le dan una fluidez de mockumentary, con una hilación alternada y una musicalización en función narrativa que crean un ritmo que la hacen volar, con quiebres a cámara en los que los personajes parecen decirle al publico “Hey, escúchame a mí, yo te contaré lo que realmente pasó”.

La tragedia es un fondo abismal cercano y constante en la vida y en la película de Tonya, que si no termina de consumarse enteramente es porque la película se asume desde su primera escena como una comedia, una de esas con la dosis de veneno suficiente como para ser una black comedy negrísima, que recuerda a la filosa “To die for” de Gus Van Sant o al tono cínico y absurdo de los hermanos Coen, extrayendo hilaridad de lo más agrio del comportamiento humano.

Sobre Tonya cayó pesadamente el doble estándar moral de la Asociación de Patinaje Artístico de Estados Unidos. Ellos quieren princesas que se deslizan, hijas de familias burguesas ricas y bien educadas, no atletas gruñonas y de modales punk. Tonya resultó ser un prodigio y en poco tiempo alcanzó el nivel más alto del deporte, a pesar del esnobismo y el evidente disgusto de los jueces que favorecen el glamour de lencería y listones por encima de alguien agresivamente competitiva, que promovían una delicadeza y feminidad estereotipada despreciando la musculación marcada, las condiciones atléticas y el heavy metal ochentoso de Tonya. Ella fue la chica poco glamorosa, desafiante, de escasos recursos económicos, que cosía sus propios trajes y se aplicaba su propio maquillaje para intentar destacarse en el deporte que era su vida. La que tuvo que rehacerse de la crueldad de una sanción que la sacó de las pistas para siempre. La que creció a los golpes sin que esto sea ninguna metáfora. Amor, comprensión y ternura para Tonya.

Este viernes 16 de marzo, proyectamos “I, Tonya” en el patio de Cooperativa Voces (Colombia 2364, Barrio Vial) en el marco de Re-Ciclo Cine: cine debate y muchas actividades más.

Re-Ciclo Cine: “I, Tonya” de Craig Gillespie

Nuestros viernes de proyecciones continúan con mirada feminista en el mes de la lucha de las mujeres por sus derechos. Esta vez proyectamos “I, Tonya”…

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