La hipocresía de los antiderechos

El 25 de marzo es el “Día del niño por nacer” y bajo la consigna “Sí a la vida, no al aborto”, se convocaron grupos antiderechos en varios puntos del país. En 15 días comienza a tratarse la legalización del aborto en el Parlamento. Por La Tinta

En muchos países del mundo se conmemora el Día del Niño por Nacer cada 25 de marzo, con el fin de “promover y defender” la vida humana desde la concepción en el vientre de la “madre”, según lo difunden los grupos antiderechos. Así, en el comunicado de la “Marcha por la Vida” que fue leído en Buenos Aires el pasado domingo, manifiestan que “en Argentina es una celebración especial, no sólo porque nuestro país fue el primero de Latinoamérica en reconocer la necesidad de contar con esta fecha, sino que además fue el primero del mundo en instituirla efectivamente en diciembre de 1998”. Este fue otro de los legados que Menem nos dejó.

En el marco de la discusión por la legalización del aborto es que organizaciones agrupadas en la plataforma “Unidad Provida”, convocaron a esta movilización en la que la Iglesia jugó un papel fuerte. Hubo muchos sacerdotes mostrando pancartas contra el aborto junto a sus congregaciones, en las marchas que se realizaron en distintos puntos del país, en este domingo particular de Ramos.

Además de movilizar, más de 70 obispos compartieron su foto con el lema ValeTodaVida, replicado como hashtag en las redes sociales con miles de posteos “en defensa de los niños por nacer”.

Cuando se dice ValeTodaVida ¿a qué se hace referencia? ¿De qué vida hablamos? Estos grupos antiderechos lo que hacen es generar una dicotomía entre dos “vidas”. Entrar en esa discusión no tiene sentido. El derecho al aborto legal, seguro y gratuito es reconocer que podemos decidir sobre nuestros cuerpos. La discusión de “vida sí, aborto no”, como se escuchaba en la marcha del domingo, no tiene nada que ver con lo que el movimiento de mujeres y las organizaciones feministas luchan desde hace décadas. El aborto no se contrapone con la vida. Está demostrado que en los países donde se legalizó el aborto ha disminuido la mortalidad de las personas gestantes e infantil. Vida no es lo mismo que persona. Vida es una planta, un caracol, vida son las células que cambiamos todos los días. Los espermatozoides que se eyacula están vivos como los óvulos que caen cada vez que hay una menstruación. No equivale este punto de comparación en vida-persona-bebé.

La maternidad genera un cambio fundamental en la vida de una niña, adolescente, mujer o persona gestante. Imponer una maternidad forzada implica desconocer un derecho básico: el derecho a elegir cuándo, con qué intervalos y cómo tener hijos. Lo que está en debate es la posibilidad de generar los mecanismos que permitan decidir una maternidad voluntaria frente a un modelo regulatorio que imponga una maternidad forzada.

Ovaciones anti-derechos

En el acto en la Ciudad de Buenos Aires los primeros que hablaron fueron los médicos que se oponen al aborto. Para “generar conciencia” entre los colegas, reconstruyeron el juramento hipocrático. Se escuchaba decir que “estamos para defender de la vida del ser más inocente e indefenso”. Fueron ovacionados. Finalizada su presentación en la que también explicaron que “hay vida desde la concepción” y que “es lo mismo, pensando en abortar, interrumpir a la semana que en cualquier instancia del embarazo ya que hay vida y carga genética de los padres en un nuevo ser”. En contraposición a esta postura, en nuestro país existe desde el 2015 la Red de profesionales de la salud por el Derecho a Decidir, que acompañan a las personas en sus procesos vitales, incluyendo el aborto. Son el eslabón más concreto de la política pública en dar respuestas a las necesidades de las personas. No hacen abandono, sino que se comprometen con una causa tan noble como es asistir a personas que así lo requieran.

Cuántas veces hemos escuchado que en hospitales o centros de salud no se da respuesta a una anticoncepción porque su religión no se los permite. Cuántas veces hemos sabido de alguien que imploró por una ligadura de trompas pero el anestesista era objetor de conciencia. Estos hechos no son aislados y forman parte de práctica médicas de profesionales que hablan del “derecho a la vida” en situaciones como la marcha del domingo. dichas prácticas, no tienen que ver con el respeto, el acompañamiento y una apuesta a la dignidad de las personas, sino que todo lo contrario: buscan imponer decisiones sobre las vidas de las otras personas.

En la manifestación del domingo en Buenos Aires, también se presentaron como oradoras madres solteras que dieron sus razones por las que decidieron no abortar. Y eso es sumamente loable. Es importante tener en cuenta que cuando existe un derecho se puede utilizar como no. Nadie va a estar obligada a abortar si eso no es lo que se desea.

Falsos argumentos

El acto continuó: “Todos debemos estar unidos para luchar contra quienes están detrás de todo esto. Sabemos que el negocio del aborto mueve muchísimo dinero, además de las donaciones de órganos o de miembros de fetos que han sido abortados. Siempre defenderemos al niño por nacer. Hay que evitar el exterminio en masa o el genocidio”. Claro está que lo que el movimiento feminista viene reclamando es terminar con el aborto clandestino, que se practica en pésimas condiciones como así también denunciar a quienes lucran con esta práctica ya que el proyecto de la Campaña por del derecho al aborto exige gratuidad en el sistema público y prepagas. Habiendo una ley se evita irregularidades como la venta de órganos o fetos como así también promulgan.

Está demostrado que en todos los países en los que se ha legalizado el aborto, la cantidad de prácticas anuales disminuye llamativamente, ya que el aborto en sí mismo es una solución parcial a un gran problema de salud pública pero va acompañada de educación sexual y anticoncepción. Lo cual refuta aún más lo que los grupos antiderechos tienden a decir: “Que miles de mujeres en manada abortaremos constituyendo un genocidio”. El objetivo de la legalización del aborto, es poder prevenir y evitar embarazos no planificados. Y aquellos que se den y no se quieran continuar, puedan ser interrumpidos con total libertad y seguridad para la salud y la vida de la persona.

Lo que los grupos antiderechos promueven es la hipocresía por salvar “la vida”, sin embargo, vemos cómo el concepto de vida es mucho más amplio que el latir de un corazón. Tiene que ver con el contexto social y político, con las desigualdades en las que nos encontramos las mujeres para poder decidir sobre los métodos anticonceptivos que utilizamos, sobre las relaciones sexuales, sobre una vida libre de violencias.

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