La larga marcha de Moreno: donde la educación es tortura, muertes y ollas populares

El día del #ParoNacionalDocente, cuya principal manifestación ocurrió en Capital Federal, hubo otra marcha que reunió acaso más lágrimas, más abrazos y reclamos más desesperados. Ocurrió en Moreno (provincia de Buenos Aires, Argentina, Planeta Tierra) y tuvo como triste protagonista a la docente torturada Corina de Bonis, quien todavía se encuentra en estado de shock; y a los familiares de Sandra y Rubén, los dos muertos tras explotar la Escuela 49. El contexto de las ollas populares que inquieta a los grupos más turbios. Los docentes que comparan la situación con el 2001, con una salvedad: “Ahora estamos más organizados”. La calle frente a los intentos de amedrentamiento, y el aturdidor silencio mediático y oficial.

Mabel mira el infierno desde la tristeza. No está sola, pero lo está. Una pechera de una estudiante tiene un cartelito: “Desde el 2 de agosto, no somos lo mismo”. Si lo sabe ella, que ve grafitties con el rostro de Rubén y pins con la cara de Rubén y banderas con los ojos de Rubén. El día anterior, cuando le avisaron de la tortura de Corina, supo que el horror no había terminado con la muerte de su compañero. Antes de que arranque la marcha desde el Consejo Escolar hasta la Plaza Fuentealba, en el corazón de Moreno, le preguntan cómo estás: “Acá estamos. Con el cansancio mental, y con la soledad”.

Foto: Nacho Yuchark

Son las 10.14 y la avenida Victorina da sus primeros pasos. Toda esta gente iba a estar en Congreso. Pero la noche anterior la cadena de WhatsApp tuvo que cambiar: por la tarde, la docente Corina de Bonis, del CEC 801, fue interceptada por un grupo de tareas, que la subió a un auto y la torturó. El marco amplifica otras manifestaciones: hay más dirigentes, hay más banderas, hay más organizaciones políticas.

Foto: Nacho Yuchark

Hernán Pustilnik es docente de tercer grado de la escuela que estalló el 2 de agosto y donde murieron Sandra Calamano y Rubén Rodríguez. Cansado, con los pies imparables, piensa: “Esto es lo más siniestro que yo vi desde que soy docente. Quizás, el 2001. Lo diferente es que en 2001 no estábamos tan organizados”.

Foto: Nacho Yuchark

Son las 10.20. Faltan cien metros para la autopista. Un grandote pide cuidado: “Vamos a subirnos”. En la puerta de una gomería, los empleados miran. Uno le dice a otro: “Le escribieron en la panza con un punzón”. El seguridad de un shopping se apresura a cerrar las puertas (la orden se la da un jefe). La columna de tres cuadras que va por una avenida canta sin saber que a ese destinatario le encaja perfecto: “Señor, señora/ no sea indiferente/ secuestran a los profes en la cara de la gente”.

Foto: Nacho Yuchark

La comisión de padres y de madres acompaña. Una alumna camina con su celular y pide una foto a una profe. “Quienes separan la cabeza del corazón no saben nada de educación”, flamea un cartelito. Esos son los colores que brillan sobre el Acceso Oeste, que queda cortado durante media hora por ese grito desgarrador que la historia argentina se encarga de repetir: Sandra y Rubén, presentes. Todos recuerdan y preguntan por Corina: no está. Sigue en estado de shock, luego del brutal ataque. Como ella, hay otras cuatro personas que realizaron denuncias por amenazas.

Foto: Nacho Yuchark

El día anterior, hubo una reunión durante ocho horas. La Dirección de Educación de la Provincia de Buenos Aires sigue sin dar respuestas concretas. El pedido, desde el 2 de agosto, es que estén en condiciones todas las escuelas. La presión desde el Estado es que arranquen: eso pidieron en cada encuentro. Eso es lo que dijo María Eugenia Vidal cuando habló de que se usaba el caso para “hacer política”. Eso, también, dijeron los torturadores de Corina. Pero, por lo bajo, los propios funcionarios a cargo del tema lo aceptan: “Esto se soluciona bajando una torta de plata para poner en condiciones todo”.

Foto: Nacho Yuchark

Se asume claramente: ya no es sólo una cuestión de voluntad política de Vidal o de Federico Salvai, acá juegan un papel importantísimo desde Mauricio Macri hasta Rogelio Frigerio. La pregunta es cuánto les importa cargar en la espalda con dos muertos, un secuestro, amenazas, escuelas arruinadas, y pibes sin clases.

Las ollas populares son un símbolo con olor a 2001. Esa imagen enfurece a los animadores electorales del gobierno. Pero no se hacen por esa razón. El Estado baja una cantidad de alimentos, otra parte la juntan las familias y otra la ponen los maestros. Como no hay clases y, normalmente, en las escuelas se da de comer, se hacen ollas populares para que todos puedan morfar. “No me entra en el cerebro que torturen a alguien por querer dar de comer”, dice Hilda, compañera de Corina en la CEC 801. Los aprietes vienen por ese lado: circularon volantes y llamadas anónimas a casas pidiéndole a los docentes que frenen. La respuesta es más y más compromiso.

Foto: Nacho Yuchark

No es la primera vez que se toma ésta autopista, aunque esta vez la rabia es difícil de bajar. “Vi a un ministro hablar en la televisión. Cuando le preguntaron por lo de Corina, preguntó: ¿pero murió?”, cuenta Mabel. Al colectivo docente le cuesta entender de dónde vienen las amenazas. Algunos asumen que la gravedad del apriete se da porque cierto sector no tiene una fuerza de choque calificada. Otros creen que la mano está clara: “Vienen por todo”. La respuesta es aún más clara: “No tenemos miedo”.

Al finalizar la manifestación, se anuncia que habrá una marcha de antorchas en cada plaza del país. Que habrá manifestación de estatales en todo el país. Que esta causa acompañará el paro nacional.

Foto: Nacho Yuchark

Queda claro: las clases no vuelven porque faltan condiciones y el Estado no responde.

Un muchacho de pelo largo resume por dónde sigue el juego: “Nuestra militancia no está en el encierro del acampe frente al Consejo Escolar ni en la foto que compartimos en Facebook: está en cuidar a los alumnos, a las madres y a los padres. Seguir haciendo las ollas populares para que puedan seguir. Explicar y explicar el conflicto. Que sepan. Porque sólo sabiendo se puede administrar el miedo”.

 

*Crónica de Ezequiel Scher. Fotos de Nacho Yuchark para lavaca.org

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