Marcha Mundial por la Marihuana 2019

Cada primer sábado de mayo desde hace veinte años, se realiza la Marcha Mundial por la Marihuana en Buenos Aires, y ayer no fue la excepción. Las actividades comenzaron alrededor de las 13 horas en Plaza de Mayo, donde hubo stands de organizaciones como Mamá cultiva, Acción cannabica, Cameda, entre otras, y venta de diferentes productos relacionados al consumo de cannabis. A partir de las 16 horas, miles de personas marcharon hacia el Congreso de la Nación bajo la consigna “Basta de presxs por cultivar ¡Regulación del Cannabis ya!” En este marco, pudimos conversar con Lorena, activista cannábica del Conurbano Bonaerense, que se expresó en relación a situación actual de las personas consumidoras de cannabis y su propia experiencia como madre cultivadora.

¿Por qué sos activista cannábica?

Me considero una persona que milita una causa. Abogo por que se despenalice una planta y que su uso sea para todo aquel individuo que lo haga con conciencia. Creo en las libertades individuales y sostengo que el Estado debe ser garante de esos derechos y no un verdugo que te dé de 4 a 15 años de cárcel por tener una planta, mientras que violadores, asesinos y abusadores no tengan el mismo peso de la ley. Creo que hay que visibilizar estas cuestiones y milito para desmitificar un montón de prejuicios que hay con respecto a sus usos y efectos.

¿Cómo viviste la marcha?

La marcha siempre se vive con alegría y en mi caso, en familia y con amigues que ven el cambio en la salud de mí hijo. En mi caso, soy mamá de un nene que sufrió una epilepsia refractaria.

¿Cómo está hoy en día la situación de alguien que necesita tratamiento con cannabis?

Mucha gente es usuaria de cannabis, lo necesita por diferentes patologías. Ya sea por epilepsia, cáncer, Parkinson, Esclerosis Múltiple, fibromialgia y un conjunto de enfermedades, se ha demostrado a través de muchísimos estudios –papers de todos los países, sobretodo de Israel, Canadá, Estados Unidos, España y Chile – que el cannabis impacta positivamente en la salud de la gente. Tenemos en Argentina el dilema de que hay mucha demanda de cannabis pero no está regularizada, no se cumple con los estándares para garantizar el aceite de forma legal, pero tampoco de forma ilegal. La gente recurre al mercado negro y se encuentran que cuando se hacen estudios cromatográficos, que miden la cantidad de Cannabinoides, en muchos casos no son ni siquiera Cannabinoides. A veces te encontrás con un material vegetal en mal estado, con hongos y con bacterias que perjudican a la salud.

Eso genera que la gente se lleve mucha decepción porque hoy por hoy el cannabis significa una esperanza muy grande para los que padecen dolor, los que la están pasando mal, los que tienen epilepsia. Recurren al mercado negro porque en Argentina el autocultivo está penalizado. Entonces te allanan la casa, te rompen todo, te roban las cosas. La gente recurre a los cultivadores solidarios, que son los que abrieron la cancha. Son el blanco de este gobierno que recrudeció la cacería en nombre de la lucha contra el narcotráfico. Entonces no tenemos muchas alternativas para apaliar nuestras dolencias, para sanar tanto dolor, para frenar muchas crisis epilépticas que tienen chicos y adultos. La situación es esa: prohibición y cárcel. Nos enteramos que hay muchos cultivadores presos desde hace tiempo.

¿Cómo cambió la situación después de la aprobación de la Ley 27.350 en 2017?

Lamentablemente la ley no sirvió para nada. Es más, estamos peor que antes de que se sancionara la ley de Cannabis Medicinal, que muchos festejaban. Hoy se nos vuelve en contra con un Estado que está ausente para darnos una solución pero está presente para perseguirnos.

En mi caso particular, mi hijo toma cannabis hace cuatro años. Al principio era un escenario de mucha incertidumbre porque no sabíamos cuál era el efecto, no teníamos médicos que acompañen el uso terapéutico del cannabis, había mucho prejuicio. Lo positivo de todo esto que viene transcurriendo en los últimos años es la información y estar a la vanguardia con respecto a informar, a desmitificar, a enmarcar el cannabis como una planta que, lejos de tener toxicidad, es una de las terapias que no genera y no generó hasta el día de la fecha ninguna muerte. Es bastante benigno con respectos a los tratamientos alopáticos que plantea la medicina hegemónica, que tiene un discurso de descreimiento, de desvalorizar a las madres con respecto a que somos nosotras las que, con nuestras manos, hacemos el aceite para nuestros hijos.

Hay una concepción de que el Estado debe contar con laboratorios que puedan medir esos aceites pero no hay plata destinada a investigación. Las investigaciones son escasas. En La Plata, el CONICET junto con la Universidad de Ciencias Naturales y el científico Dario Andrinolo tiene el primer indoor de la Argentina, con varias genéticas que consiguieron de diferentes cultivadores y se hacen investigaciones. Una de las investigaciones que se está llevando a cabo es con la Facultad de Ciencias Veterinarias, donde se están viendo resultados positivos con respecto a la epilepsia en animales. Son pequeños focos en diferentes lugares, pero la demanda de la gente es ampliamente superior a lo que se está haciendo.

¿Qué impacto tiene en cannabis en tu vida y la de tu hijo?

A nosotros nos cambia la vida. Yo tengo un nene que está despierto, que hoy le saqué un montón de anticonvulsionantes que lo tenían dormido. Antes tenía que estar aspirándolo 24 horas con una manguera que le ponía por la nariz para poder sacarle los mocos que le generaban tanta acidificación a su cuerpo. Era un nene que no tenía ningún tipo de reflejos, ningún tipo de ganas de vivir y ahora es un nene que está contento, que se despertó, que tiene ganas de hacer cosas, tiene calidad de vida. Ya no tenemos que estar aspirándolo, de a poquito está comiendo otra vez por boca, sociabiliza, no tiene más convulsiones. Pasa largas temporadas sin tener crisis. La calidad de vida es importantísima, porque eso nos permite poder descansar después de muchos pero muchos años en vigilia, entendiendo que de un día para el otro podía haber complicaciones de una crisis epiléptica o de un cuadro de bronconeumonía. La depresión del sistema nervioso central de mi hijo para reducir los ataques de epilepsia generaba que siempre esté hospitalizado, con una neumonía, enfermo, sin ganas de nada. Ahora, por suerte, eso se revirtió en un 80 por ciento. Así que a nosotros nos cambió la vida y estamos todo el tiempo apelando a informar y a que la gente acompañe esta lucha, que se visibilice y que la planta esté en los jardines de todas las personas que queramos autocultivar. La planta tiene que estar en todos los jardines, como cualquier otra planta.

Fuente: Laura Reyes para ANRed

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